Carta del Presidente de la Asociación de Bancos, Segismundo Schulin-Zeuthen

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Proyectando la Banca: Más y Mejores Servicios

A lo largo de su historia, Chile ha vivido altos y bajos ciclos económicos. En 2016 presenciamos un ciclo de bajo crecimiento, situación que tenderá a prolongarse este año. Las razones han sido largamente discutidas y son una mezcla de factores internos y externos. Pero no hay que desviarse de la preocupación central: cómo volver a crecer sostenidamente en el tiempo con una hoja de ruta clara.
Para ello, es fundamental entender una premisa básica. Así como la democracia representativa necesita de los partidos políticos, para el desarrollo económico de un país es imprescindible la existencia de los empresarios. Es fundamental restablecer las confianzas y este es un desafío para toda la clase dirigente del país. Hoy más que nunca se debe cuidar a Chile y a sus instituciones. Es una tarea de todos.
Las condiciones del empleo son claves para la banca ya que inciden directamente en la situación financiera de los hogares de miles de chilenos. Sin embargo, la creación y calidad del empleo se ha deteriorado, los desocupados se elevarían significativamente al ajustar por horas efectivamente trabajadas. Hoy no se está creando empleo sino destruyendo y el 60% de los hogares con desocupados tienen mora. Ello sin lugar a dudas impactará en los resultados del sistema financiero.
La constante transformación y perfeccionamiento de los servicios bancarios es y continuará siendo inherente al desarrollo de la industria. Esto se plasma en la creciente masificación, diversificación y portabilidad de dichos servicios. Los ejemplos de este desarrollo son variados y abarcan desde el intensivo uso de medios de pagos electrónicos (tarjetas, transferencias) hasta la prestación de numerosos servicios de manera remota (inversiones, solicitudes de crédito, etc.).
La innovación es esencial para el buen funcionamiento de la banca. Donde por buen funcionamiento me refiero a que los bancos efectivamente canalicen ahorros en la economía, evalúen y monitoreen a los clientes que demanden créditos y provean, además, mecanismos para que sus clientes administren y diversifiquen sus riesgos, así como a la prestación de una amplia gama de servicios que facilitan los procesos productivos y comerciales asociados a una economía moderna.
La banca chilena ha mostrado un desarrollo que la posiciona favorablemente a nivel internacional. Para ilustrar lo anterior cabe destacar que la tenencia de tarjetas de débito se encuentra por sobre el promedio de los países OCDE; el número de cajeros más corresponsalías asciende a 339 por cada cien mil habitantes mayores de 15 años, cifra que se compara con un promedio de 133 en los países OCDE y, en términos más agregados, el crédito como proporción del PIB alcanza a 85%, cifra en torno al promedio de los países OCDE (93%).
Por su parte, y de manera muy relevante, la evaluación de los clientes sobre tales servicios es positiva, lo cual, por cierto, es una condición sine qua non para el desarrollo sustentable de la industria. El porcentaje de cuentacorrentistas satisfechos con su banco alcanza a un nivel promedio de 74% en los últimos años, registrándose en lo más reciente un aumento a 79%. Más aún, la banca ocupa el primer lugar en satisfacción al cliente respecto a otras 26 industrias de servicios.
Estos logros son muy importantes, y debemos seguir trabajando para continuar mejorando la satisfacción de nuestros clientes.
En este contexto, los desafíos para continuar avanzando en una industria que provea más y mejores servicios son diversos. En primer lugar, y como eje central, la industria debe seguir invirtiendo en nuevas tecnologías y procesos. En un ambiente cada vez más competitivo, y donde el desarrollo tecnológico abre constantemente nuevas posibilidades, se genera un círculo virtuoso debido a que los bancos que impulsan nuevos servicios se orientan de mejor manera a satisfacer las necesidades de sus clientes y, por ende, son más valorados por ellos, todo lo cual, a su vez, permite sustentar las inversiones realizadas.
En segundo lugar, se encuentra el marco normativo, el cual debe proveer reglas que balanceen los incentivos para permitir y facilitar las innovaciones y, al mismo tiempo, preservar y fortalecer la solvencia del sector. En esta línea, el actual marco normativo está presentando brechas que requieren ser abordadas adecuadamente. La actualización de la Ley General de Bancos, y en particular su adecuación a BIS III, es una de las principales. Sin embargo, también existen otras áreas que son muy relevantes en la gestión bancaria, donde aún destaca la ausencia de un sistema de obligaciones económicas integrado. Por último, y desde una perspectiva de mediano plazo, existe el reto de cómo definir el perímetro regulatorio y su alcance para oferentes no bancarios que pueden participar en este mercado; por ejemplo, Fintech.
En síntesis, la industria cuenta con importantes avances y, por cierto, tiene desafíos no menores hacia el futuro. El diseño e implementación de un marco normativo acorde a tales desafíos es crucial y, por ende, es necesario que estos se basen en un análisis técnico, aspecto en el cual la Asociación de Bancos tiene una importante responsabilidad como ente catalizador de la visión de la industria en estas materias.

Segismundo Schulin-Zeuthen